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Batallitas del abuelo

Guaguateando por Guatemala

Guatemala City-Monterrico

chickenBus

Apenas faltaba una semana para abandonar el país, y decidimos que era el momento de descansar. Un recorrido que nos llevó a recorrer el país de este a oeste y de norte a sur, había hecho mella en nosotros, y era la hora de parar, tirarse a la bartola en una playa con unas cervecitas.

¡¡ Rumbo a MONTERRICO !!


De regreso a la «city» desde Chichicastenango, nos encaminamos a la terminal de buses que iban al sur, Centra Sur. En una hilera desordenada, los multicolores chicken bus, se anunciaban al mejor postor. El trajín, que prometía un embarque rápido y feliz, sólo era un espejismo. Una vez acertamos con la guagua que necesitábamos, no partió hasta que se llenó.

Los que se dirigen al sur, son autobuses de segunda clase, denominados chicken bus. Son como los famosos autocares escolares amarillos de Estados Unidos, pero de llamativos colores. Carecen de cualquier tipo de amortiguación, por lo que os aconsejamos que, nunca, pero ...nunca, os sentéis en las últimas tres filas. Cada vez que pasamos por uno de los «badenes» (túmulos en Guatemala), botabas casi hasta el techo, como una impactante turbulencia.

Ya completo, cuatro personas por asiento doble, comenzamos el viaje. Por primera vez en dos semanas de transito por Guate en transporte público, vimos a las primeras dos turistas en un autobús normal. Eran las únicas que no compartían su asiento con nadie, sin embargo estaban tan atenazadas, que hubiesen cabido otras cuatro personas más.

Terminal de Xela

A nuestra vera, siempre había alguien sentado, conversando, y ofreciendo viandas y bebidas. Después de dos semanas, estábamos de lo más integrados. Mas de un niño utilizó nuestro regazo para echar un sueñecito,...son tan ricos cuando duermen...

Cada trayecto una nueva aventura, llena de curiosidades, lo que ayudaba a que no se hiciesen tan largas 6 ó 7 horas de autobús. No recuerdo más de 20 minutos seguidos de conducción, sin alguna parada.

El encargado de la venta y picado de billetes, era también el encargado de anunciar el destino del autobús, enumerando las paradas más importantes. Cada vez que el conductor, que debía ir a comisión, veía a alguien en el arcén, disminuía la velocidad y el «pica», sacando todo su cuerpo del vehículo en un increíble alarde de equilibrio, repicaba con cierta musicalidad, el mismo soniquete:

«...Sololá, Sololá, Sololaaaaaá... Paaana, Paaana, Paaanaaaa..., Chiquimula, Chiquimula, Chiquimulaaaaaaa...»

portamaletas

Dos o más autobuses en una misma parada, producían un efecto de «orfeón donostiarra», que lograba siempre, arrancarnos una sonrisa. Otro personaje imprescindible, es el portamaletas; Normalmente, un joven atlético, con gran agilidad, que es el encargado de colocar el equipaje en la baca, con la dificultad añadida, de hacerlo en marcha. Es un gran misterio saber dónde se encuentra en cada momento, lo mismo puede entrar por la parte de adelante, que por detrás, e incluso por una ventanilla. Increible !!!

En viajes largos, acostumbran a hacer paradas algo más prolongadas, en estaciones más grandes, que suelen estar junto al mercado central. Están abarrotadas de puestos de comida, cantinas y tiendas de todo tipo. Los vendedores ambulantes, aprovechan para entrar en los buses recién llegados, para vender sus productos a aquellos que esperan pacientemente a que parta de nuevo.

parada de bus de Chiquimula

Refrescos, sandwiches, helados en vaso de plástico, dulces, plátano seco, maní, papas fritas... una oferta variada. Las letrinas, suelen ser de pago, pero a ver quien se resiste. El ambiente aquí es acelerado, y mientras los conductores se hidratan, los picas se dedican a reclutar nuevos viajeros, repicando su coletilla. En 20 minutos retomamos nuestro camino.

ambulantes

Llegamos a Puerto San José (Hay rutas mejores y más directas) y aquí debemos de cambiar de bus. Como siempre toca preguntar, y la parada no está bien definida,...¡¡ Qué raro !!

Por fin estamos en el sur, y ya huele a mar. Nadie parece saber bien de dónde parten los autobuses a Monterrico, y tardaremos más de una hora en conseguir transporte. Un par cervezas hacen más llevadera la espera.

A estas alturas del viaje, llevamos tomados mas de 25 autobuses y furgonetas , y tenemos claro el coste aproximado de los billetes. Para hacer justicia, hasta ahora, hemos pagado el mismo precio que los guatemaltecos, y no hemos regateado ni una sola vez, pero... es el sur...

En todo el mundo, los habitantes de la costa, casi por definición, siempre han sido más «avispados» y pícaros. Guatemala no iba ser la excepción. Nos montamos en el autobús, sin preguntar el precio. Pasada media hora, el pica se acerca a nosotros, y tras preguntar al chófer cuánto nos debía cobrar,

- Señores, serán 40 Qz. cada uno -

Nosotros, que nos habíamos percatado de la jugada, comenzamos una divertida discusión. Nos plantamos en los 25 Qz, porque creímos que era lo justo por ese trayecto, y el pica iba y venía. Tras hablar con el conductor, varias veces, llegamos a los 32 Qz., pero no estabamos dispuestos a pagarlos, así que, tras invitarnos a bajarnos del autobús, acordamos que les pagaríamos al llegar a Monterrico.

interior chickenbus

Se había creado un claro clima de desconfianza mutua. Viajábamos 7 personas en el autobús, y de vez en cuando subía una pareja, y se bajaban en la siguiente parada. La tardía hora, no disfrutaba de excesiva clientela.

De repente, tras una de la muchas paradas, el chicken-bus no quiere arrancar. Y aquí fue donde íbamos a aparcar nuestras rencillas, y tocó arrimar el hombro.

El joven "pica-billetes-vocero-portamaletas" recorrió el pasillo, tocando en el hombro a tres de los viajeros, todos varones, y con un leve movimiento de cabeza, les invitó a seguirle. Como un resorte y sin decir nada, se levantaron de sus asientos y le siguieron. Abrió la puerta de trasera, me miró buscando mi complicidad y con una leve sonrisa dijo:

- Hay que empujar.

Sonreí incrédulo, y me bajé con ellos a "empujar". Era ridículo, ¿ cómo íbamos a mover cinco tirillas, las más de 12 toneladas de autobús ?.

A la de tres, metimos el hombro, y aquella mole ¡¡ empezó a moverse !!. Tras 20 metros, el conductor metió la marcha. La tos ronca del motor, expulsó una densa humareda negra, liberándonos del peso del monstruo. El chicken-bus había despegado.

A la carrera, uno a uno , nos fuimos subiendo en marcha por la puerta trasera,.... Lo habíamos logrado. Casi sin aliento, pero con una gran satisfacción, me volví a sentar en el asiento.

Hoy en día aun lo recuerdo con una grata sonrisa. Por supuesto, cuando llegamos a Monterrico, no nos cobraron la diferencia del billete, aunque nos lanzaron las mochilas en marcha, que cogimos al vuelo. Quizás de ahí venga lo de chicken-bus. Un detalle.

playa de Monterrico Al atardecer, por fin llegamos a Monterrico...

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